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No suelo arrepentirme. De hecho creo que no lo he hecho nunca. Suele pasarme que cuando digo que algo será una mierda termina siéndolo por muy buena actitud y por muchas esperanzas que ponga de mi parte. Que cuando algo me huele mal suele haber basura detrás.
A veces me doy cuenta de que soy yo la que cubre las cosas de una capa de desperdicios bastante gruesa, pero esta vez sé que no fue así, hice lo posible por buscarme la sonrisa. Saqué todo lo sucio que encontré por los alrededores y abrí bien las ventanas. Pisé fuerte aún yendo descalza. Pero no funcionó.
Y mira que lo siento, y mira que pienso que esto no debería haber ocurrido.
Pero en el fondo nos ha dado muchas respuestas. Ahora ya sabemos que tren coger, o al menos, cual dejar pasar.



Pic: by Paula Modersohn-Becker.









Pics: Big Big Garage @ Red Shoe, by Fernando Gimeno.




Es eso. Ese gesto rápido con el que se coloca la falda, pero en realidad esta ordenando sus pensamientos. Ese gesto como con prisa pero en realidad la falda está en su sitio y sus ideas en el aire.
Se levanta y sabe que la está mirando, finge que no le importa pero sabe que está mirando y ella mueve sus caderas como seduciéndole pero con dejadez. Fingiendo que no le importa, y ordenando sus manías. Sus locuras.
Él no sabe que ella está tan despierta. Tiene la imagen de un ente que se mueve según las corrientes del viento y no sabe muy bien donde va. Porque realmente, no va.
Él está ahí sentado, fascinado por esa elegancia natural, por ese caos no ensayado que no se encuentra en cualquier parte.
Ella vuelve decidida y cabizbaja como si no le importase. Como perdida, ordenando sus pensamientos, y se coloca la falda.
Él la mira desde su silla, encantado.
A ver si lo entiendes, que necesito responsabilidades. Que necesito ser realista, poner los pies en el suelo, y que no puedo hacerlo si me vas haciendo un caminito de rosas.
Que no puedo estar contigo, que necesito metas. Estar SOLA.
No, no me refiero a alejarme de mis amigos y de mis padres. Quiero decir abandonar. Tirarlo todo por la ventana. Lo material y mis sueños; y el misticismo, claro.
Busco un trabajo, cojo una maleta, cambio las facturas y me voy. Así.
Independencia repentina en todos los aspectos de mi vida.
El rechazo a la triste sonrisa de los últimos tiempos y a la búsqueda del consuelo en trivialidades.

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Pic: La niña de mis ojos. Felices días en China, espero impaciente tu vuelta a casa.



Esta mañana concluyo. Esta mañana, en el autobús: No son malos por sus acciones. Me siento y pienso: Son malos por sus sentimientos. Por sus pensamientos.
Esta mañana, cuando estaba en el autobús, he pensado: Creo que yo también soy mala. Tengo sentimientos malos. Esta mañana concluyo: Siento que soy mala. Me siento mal.









Pic: by Aubrey Beardsley.

- Culpa tuya, Nombre Apellido.

Me giré y se lo dije. Se lo dije bien fuerte, con los labios sellados y la mirada penetrante. Concentrada, para que el mensaje llegara a su destino, sin desvíos.
Me giré y le grité en silencio. Y se lo dije. Porque era verdad, había sido él quien había provocado todas esas catástrofes, y no le importaba. Pero a mí sí. A mí me atormentaba todo aquello, toda esa historia y lo que pasó después.
Por eso, me giré y se lo dije. Frunciendo el ceño y expresando rabia y terror. Los puños apretados y las piernas firmes, rígidas, inmóviles.
Entre toda la multitud, entre todas las voces, yo, en silencio, me giré.

- Culpa tuya, Nombre Apellido.

Y se lo dije. Pero no me oyó. O me ignoró.



Pic: by Modigliani.
Tumbados en el suelo, semidesnudos, envueltos en una tenue luz que nos abriga y una manta. Uno junto al otro, hablando del pasado, del futuro, hablando de vivir. Me rozas con la punta de tus pies y con un dedo dibujas mi silueta, y me miras.
Si supieras el poder que tienes entre tus manos, el grandísimo poder, entenderías mi miedo, mi frialdad. Entenderías que prefiera mirar al techo que a tus ojos y que solo pueda acercar los míos a la altura de tu boca. También comprenderías mis silencios, y mis nervios, mis delirios. Y que de pronto decida meterme bajo la cama, recluirme en ese mundo que un día inventé y donde las llaves que abren sus puertas sólo se consiguen con sangre.
Sonrío pensando en ti, pero entonces recuerdo cuán fácil es que me hagas daño, lo sencillo que sería dejarme como me encontraste, y la ilusión se evapora precipitadamente hasta desaparecer. Tan rápido que está enterrada antes de que supieras de su existencia.
Estas ahí, y se me ocurren mil cosas geniales que decirte, que te harían perder la razón, divertidas y dulces, pero vuelvo a ser consciente de que podrían pasar tantas cosas después… y no quiero arrepentirme. Así que dejo de sentir, me apago.
Cojo la manta que nos abraza y la hago mía, me cubro completamente, busco desaparecer. Como siempre, me disculpo, pongo alguna excusa y me aíslo en otra habitación durante unos minutos hasta que creo tener fuerza para volver a mirarte a la cara. Vuelvo. Y no.
Pero me tumbo a tu lado, te cojo la mano, te pido que me abraces y siento como se acelera mi pulso hasta que, como si de un tornado se tratase, algo más tarde, todo queda en calma.
- ¿Estás bien?
Y yo te sonrío y susurro:
- Aprovecha, es el ojo del huracán.



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Pics: "Valencia" by Agus ( http://www.flickr.com/photos/mierdaenunpalo/ )
No me gusta contar hacia atrás porque me da miedo el pasado, y sus consecuencias. Nunca digo “Adiós” por temor a que sea definitivo y desaparezca alguien importante, así que lo sustituyo por un suave “Hasta luego”. Cuando lo digo, es que algo desagradable pasa por mi cabeza.`
Cruzo los dedos constantemente, cierro los ojos, pero no lo suficiente como para sentirme perdida. No me gusta la sensación de inseguridad que da la oscuridad, o la noche. Me preocupa constantemente no sentirme satisfecha.
Nunca piso las rayas grises en los pasos de peatones, no cruzo en rojo. Ignoro que se rompió el espejo que guardo en el primer cajón de mi mesa y continúo utilizándolo sólo porque así es como si no hubiera pasado, y por lo tanto, la mala suerte no volverá.
Enciendo y apago la luz de mi habitación tres veces antes de dormirme para dejar de sentir que algo horrible va a suceder.
Siempre llevo algo de metal entre las manos cuando ando sola por la calle y algo de madera cuando estoy en un lugar cerrado.
Es algo surrealista; irracional, desde luego. Es lo que es, pero me hace sentir inmune.


Pic: by Ernst.