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Pic: Fernando Renes

Mañana será otro día, otro mes, otro año, pero nosotros seguiremos siendo los mismos (y puede que eso sea lo peor). Tal vez, debamos mirarnos unos a otros y, definitivamente, reflexionar sobre qué hicimos, cómo lo hicimos, qué dejamos a medias, quién queremos ser, o quienes creíamos ser, con el fin de mejorar. Pero esta vez en serio.
Mi propósito siempre será el mismo: ser feliz. Pero sin olvidar ser mejor, y, por supuesto, hacer felices a otros. A veces, hay que decidirse a apartar a algunas personas o algunos hábitos de tu vida, y eso incluye dejar entrar a otras y aprender. Nunca abandonéis vuestros sueños.

Paz y, mucho, mucho, amor, en 2012, y siempre.
L'AUTRE MAGAZINE: Paolo Coppolella

"The 2012 Spring-Summer proposal by Italian designer Paolo Coppolella is called "No Name".
An austere approach to women's part of the collection, and experimental for men. Silks, cottons and linens in blue, gray, white, beige, as well as floral prints, squares and stripes.
The collection was presented during the XI Edition of Valencia Fashion Week in the immaculate environment of the Ágora building, located in the City of Arts and Sciences in Valencia. "No Name" will be available from February 2012 in stores, in designer's personal atelier and in the online shop. (www.paolocoppolella.com).
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More: http://www.autremagazine.com/3/post/2011/12/fashion-designer-paolo-coppolella-presents-no-name-for-springsummer-2012.html#comments
Reflexión XXXIV:

La inmadurez es una etapa dolorosa y molesta. Y muy mala excusa.


Pic: John Stezaker

La sala de estar tiene un aspecto deshabitado y frío, pero se torna algo más acogedor cuando de los brazos del viejo tocadiscos que hay junto a la ventana, empieza a sonar una melodía que conoces. Hay polvo sobre los muebles y la decoración te recuerda a una de aquellas casas de pueblo donde apenas hay gente alguna semana de verano. Es uno de esos ruinosos pisos de estudiantes. Algo te incomoda, no logras introducirte en ninguna de las conversaciones que se están formando a tu alrededor, te aíslas. Tu corazón palpita inquieto como en una enérgica búsqueda de ese rincón en el que poder calmarse y teñirse de azul, para poder latir de nuevo pero con otro ritmo y a otro precio. Sin duda a otro precio, eso es lo importante. Buscas un cuerpo en el que refugiarte, y entrecierras los ojos para concentrarte en ello. Encuentras a alguien relativamente válido y te quedas ensimismada con sus gestos, su respiración. Afortunadamente, eres invisible, y para las decenas de personas que interactúan a tu alrededor, posiblemente solo eres la chica borracha.
- ¿Quién ha traído a la chica borracha? Creo que necesita un médico.
Pero nadie contesta. Piensas: estoy bien. Y ni siquiera recuerdas haber bebido.


Pic by Karl Hofer




Reflexión XXXIII:


Es imposible no incomodarse ante todos esos falsos actos psicóticos.









Pic by Erik Mark Sandberg

Pienso que, tal vez, el mundo allí es así. Como los cortes de pelo. Que el mundo es uno, pero allí cambia. O lo hace aquí. O soy yo la que es otra. Llegado el momento, no se trata de hacerlo de memoria, ni de saber conmover, aunque eso siempre ayuda. Allí, toda esa gente que, como nosotros, está acostumbrada a escuchar alabanzas, y saben qué hacer con ellas. En eso no son como nosotros. Pero es que, realmente, no hacen nada. Es una especie de felicidad superficial. Llegué a sentirme tan vacía…
Después de años, he podido observar que alguien está enfermo, con esa malicia y frialdad… pero no he conseguido averiguar quién. En el fondo, a veces me gustaba camuflarme en sus brillos y derroches. Pero solamente a veces. Y ese es el problema.
Probablemente, sea yo la débil. O medio débil, mejor dicho. Dime tú cual es la parte errónea. Ellos dicen que la que piensa demasiado, la que llega a estas conclusiones. Aquí…silencio.
Como siempre, llegaré. Romperé todos los muros y llegaré, y cuando esté a un paso de lo que busco, sintiendo su respiración, mi vista se clavará en el suelo, y veré una pequeña piedra, diminuta, una que haya olvidado mover, y no podré avanzar. No podré terminar. Tendré que volver sobre los escombros. Y tendré que tratar de reconstruirlos. Pero no olvidaré esa respiración, ni esos brillos, y mi debilidad será el mayor derroche. Aquí. En este mundo, en silencio.


Pic by Karl Hofer



Con música del desierto, o de película del oeste, te acercas, despacio, aunque demasiado rápido tal vez, hacia el final. Ves avanzar a tus pies y ves salir tus palabras sin poder detenerte, temeroso y lanzado. Solo algún rayo de esperanza sale de entre tus brazos, pero, efímero, se desvanece antes de poder atraparlo. Y así, irremediablemente, te diriges, por ti mismo, sin ayuda, hacia el vacío. Y te dejas caer. Tratas, en esa especie de cámara lenta en la que te observas, como si de un cuerpo ajeno se tratase, de entender todos esos inexplicables actos que te han llevado allí. Y en un último suspiro, solo eres capaz de entrever, entre toda la niebla y polvo que empieza a envolverte, que la razón no es otra que tu propia torpeza hacia el bien. Tu directa relación con el fracaso. Tú. Tu vida, tú. Tú.
Y te atreverás a volver a salir, a volver a intentar, con la firme certeza de que este final se repetirá, aunque en otro lugar y frente a otras sombras, con más dolor. Más frívolo. Tú, tu vida, tú.




Pic by Maria Lassnig

He visto Hard Candy tres veces, y he comido tantas palomitas que es muy probable que vomite. Me duele la cabeza, últimamente duermo poco, pienso demasiado, y apenas salgo a pasear de día. Sólo consigo encontrarme mejor leyendo a Murakami. ¿Soy una snob? Puede. De pronto, he cogido fobia a escuchar música en inglés. A veces, estoy bailando, me pongo nerviosa, y tengo que apagarlo todo. Busco el silencio, pero eso suele ser más aterrador. Me preocupo demasiado por los sentimientos y el sentido de la vida. No hago planes a largo plazo, dentro de un mes, como mucho. Las personas me parecen demasiado grises, demasiado vacías. Tengo la impresión de que la comunicación entre nosotros es casi imposible. Ni siquiera soy capaz de ordenar mis ideas, o mi cuarto. Hay, exactamente, siete pares de botas tirados en el suelo de mi habitación, y he encendido incienso para no sentirme sola. Por alguna razón, funciona. El futuro es demasiado incierto, está demasiado borroso. Así que prefiero ignorar las consecuencias de todo este caos. Tal vez, yo también debería secuestrar a alguien, y hacerle entender por qué su vida es tan desgraciada. Es posible que así, viéndome reflejada en algún monstruo, de los miles que nos rodean cada día, y entre los cuales, seguramente, estemos nosotros sin saberlo, entienda por qué mi egoísmo, es más salvaje que el tuyo, y aún así, sigo siendo más humana, más afable, mejor.



Pic by Joseph Goldberg

Tú y yo vivimos en distintos hemisferios, es por eso que sólo logramos comunicarnos del todo en primavera y en otoño, en épocas de tránsito. Cuando me despierto, tú aún duermes. Y cuando yo descanso, tú sigues viviendo. Por eso nuestras energías chocan.
- El invierno pasado estábamos juntos.
- En verano, sí. Pero porque llovía.
Es posible que, simplemente, no podamos entendernos cuando somos nosotros mismos del todo. Por eso nos queremos más cuando estamos parcialmente nublados. Con el sol en los ojos y tiritando. Con ese sudor frío…
- ¿Es por eso que quiero encerrarme contigo y tapiar las ventanas? ¿Para no ver pasar las estaciones? ¿Por miedo al vaivén de los sentimientos?
- No seas trágica.
- Tienes razón, ya está llegando diciembre.



Pic by Richard Colman


Pic by Jeremy Fish




¿No os sucede, a veces, que, al mirar una fotografía, sientes la necesidad de ponerle música? ¿No te planteas entonces comprar una videocámara? ¿No desechas la idea al instante porque sabes que jamás lograrías el efecto deseado en sus imágenes? A mí sí.
Me pasa muy frecuentemente con Norwegian Wood, de los Beatles. Y esa foto de gaviotas, y una mujer en la playa, en los años 70. No sé por qué.
Tiene el pelo largo y oscuro, como la mirada. No sabes muy bien que está pensando o sintiendo. Te planteas qué hace allí sola, con esa especie de sonrisa etrusca, y esa expresión calmada. Te gustaría ver cómo son sus zapatos, dicen que hablan mucho de sus dueños.
Es una imagen en blanco y negro pero has imaginado tantas veces estar allí que aprecias sus azules y el rojo del cielo al atardecer. Sabes que su piel es tremendamente pálida, y que hace algo de viento, aunque la tela de su vestido no se está moviendo.
Será ese viento cálido el que baile al ritmo de esa canción que no sacas de tu cabeza. Y los brazos de la muchacha, paseando por la orilla. Y las olas que mojan sus piernas. Y la arena rozando esos zapatos que no puedes ver, pero que sabes que existen. Y la sal dejando su huella. Y el pelo oscuro volviéndose rojizo por el sol. Y su piel blanca, que ya no es tan blanca, porque anochece. Y sus ojos, que ya están cerrados. Y su vestido, que ya no existe. Y todos los detalles que no quieres captar, por temor a compartirlos, porque así son y serán solamente tuyos. Y coges la foto, apagas la música, y, en silencio, en esa atmósfera gris, en la penumbra, la guardas en un cajón, e intentas olvidarla. Madera noruega.


"Bueno, entré en un lugar muy oscuro. Empezó en un lugar muy oscuro todo y, después de meterme allí, eh...físico, oscuro, sí, muy, muy oscuro, aunque estoy hablando simbólicamente, pero físicamente estaba haciendo cosas muy oscuras, ¿entiendes? Tratando mi cuerpo y mi espíritu muy, muy mal, encerrandome en la casa, no salí por meses, y no tuve contacto físico por trece meses. No vi el grupo, no vi a nadie. Pasé trece meses sin contacto físico, sin tocar a una persona y escribiendo estas canciones muy oscuras, muy tristes...y hace como cuatro meses, alguien tocó a la puerta, y le abrí, y era Ana, y no he estado más de tres o cuatro horas sin ella desde ese momento. De verdad me ha cambiado la vida."

Devendra Banhart



Se busca artista, no importa de qué, ni de cuándo. De dónde tampoco. Se busca encerrarse en un espacio reducido, compartir recetas, silencios, y sobre todo, inspiración. Se busca un refugio. Temporal. Decadente. Se busca música. Se busca aprender, abrirse, explorar. Improvisar. Se busca intensidad, aromas, luz, sombras, delirios. Se busca energía. Dar, recibir, trasnochar, soñar, tocar. Se buscan ganas. Se busca calor. Se busca valor.








Pic by Elizabeth Peyton
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Los días 22-23 de noviembre presentación oficial de la colección NO NAME S/S 2012 en Madrid.

Me decidí a viajar sola a los quince años. Realmente me había decidido unos años antes, pero fue a esa edad cuando hice las maletas, y me dirigí, lloviendo y sin compañía, hasta la estación de tren, para visitar el paraíso. Y llegué. Y me perdí las riendas de mi vida, en el mejor sentido que exista. Y mi cabeza voló muy lejos, en una dirección perfecta, acariciando el viento, sin prisa. Desde entonces, no he podido desaprovechar ninguna ocasión para seguir las vías.
Al principio, era cada varios meses cuando una intensa intranquilidad me invadía por completo, y tenía que emigrar. Más tarde, semanas. Después días. Hoy, necesito el paraíso todas las noches. Sin él no sé dormir, es mi refugio. Pronto será la hora, empezaré a meter ansiosamente algo de ropa en una mochila, y vibrando, caminaré hasta el andén donde me espera mi tren al paraíso. Sin él no puedo respirar. No me esperéis. Esta vez no vuelvo.


Pic by Adam Sorensen

Por haberme hecho crear. Por hacerme pasar noches en vela y días abstraída. Por andar por las ramas, y los tejados. Porque toda mi vida será una búsqueda incesante e increíble que nadie podrá comprender, ni siquiera tú. Porque me has permitido dejar de acumular sueños para empezar a vivirlos. Por todo lo que ahora expresan mis ojos, y mis manos, y mi piel, en definitiva. Por todos los rincones que visitaré solo para poder contártelo luego. Y que te guste. Voy a necesitar toda mi vida para asumir que jamás podré ignorarte, y eso es mejor que mil mañanas, al sol, sin ropa.

by Svein Bolling
Reflexión XXXI:

Inspiración, mejor que un millón de veranos (con sus respectivos amores, sales y licores).



Pic by Anna Bjerger


Sí, sí, ya sé que no es la primera vez que subo este video. Pero me trae muchos recuerdos, y más ahora, que voy a volver a compartir proyectos con parte del equipo que lo hizo posible. Al fin volvemos a caer todos a la vez en el mismo rincón del mundo, y eso hay que aprovecharlo.

- Me encanta jugar, y contigo no puedo. No sabes, no entiendes las normas. Tengo que explicártelo todo. No entiendo qué pasa, en qué piensas, por qué lloras. Es imposible, tú eres imposible. Lo complicas todo. Solamente tienes que jugar, decir lo primero que pase por tu cabeza, dejar a un lado esa lógica que te acompaña allá donde vas. Arriesga. Para de preguntar por qué, cómo, cuándo, dónde. Para, ¡Para! Mírame. Así no. Te he dicho que así no. No me estás escuchando. En circunstancias normales ni siquiera estaría contándote todo esto. Está bien, nunca son “circunstancias normales”, pero tú tampoco ayudas. Hubo un momento en que casi perdiste las formas, fue grandioso. Pero al tiempo volvió esa cordura insoportable. Si no fuera porque encontré aquellas cosas en mi habitación ni siquiera estaría aquí, pero allí estaban. Y aquí estoy yo ahora. Definitivamente no me estás escuchando. Olvídalo.
- Odio cuando dices “olvídalo”.
- Y yo odio cuando lo olvidas.


Pic by Antje Majewski



Había suficiente agua de lluvia para saciar su sed siempre que lo necesitase, o siempre que se encontrase ocioso y desesperado. Solamente tenía que estirar la mano, y ceder un poco. Pero era distinto cuando se trataba de la confianza. El trato estaba claro, una sonrisa equivalía a una tarde en el cine, por ejemplo. Y si necesitaba cobijo no hacía falta mucho más.
- A veces, amigo, necesito algo que soy incapaz de conseguir. Y es entonces cuando caigo en picado. Cuando no consigo abrir los ojos, ni siquiera puedo salir de este rincón y mojarme los labios con esa bendita lluvia.
Con los ojos abiertos como platos, atentos a sus gestos y a cada rasgo de su cara, analizando los detalles, ensimismado con su respiración, el oyente habló:
- Nunca he sentido lástima por vosotros, perros callejeros. No me gustáis. No sois de fiar.
Esa noche, ambos durmieron solos. En la misma cama, en silencio, helados, casi muertos. Entonces, uno de ellos despertó, no importa quién, y su compañero se había marchado. Y sintió como si un eclipse oscureciese su alma e inundase su vida de un desgarrador vacío. Necesitaba salir de allí, alejarse de aquel lugar en el que había sentido morir todos sus instintos, pero sólo pudo arrancarse la ropa, sin fuerza, y desnudo, esperar la vuelta de su dueño, sin nada que ocultar, confiado.


Pic by Modigliani

London


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¡Saludos desde Londres! Llevo aquí una semana trabajando, con el estrés habitual, y tenía esto un poco abandonado...pero pude sacar tiempo para pasear y sacar algunas fotos (aprovechando que apenas ha llovido). Pronto veréis el resultado de los shootings que he estado haciendo por aquí. (Por cierto, he hecho una lista con las rarezas inexplicables con las que me he ido topando en estas tierras humedas londinenses).