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Boceto I



 Pic: Frida Kahlo

Es inevitable verte reflejado en tu propia obra, aunque no trate de expresar un sentimiento interno, propio, sino elementos relacionados con el mundo exterior; siempre se resumirá a cómo ese mundo intercede con nuestra alma.  Aunque el artista no disfrute creando, aunque lo haga de manera involuntaria, siempre liberará una dosis de sí mismo. 
Tratar de separar al artista de la persona sería como amputarle su esencia, dejar huérfano al sentimiento. Y un sentimiento no existe si no es en un cuerpo, en una mente, en un momento, y  en un lugar concreto. Somos imparables fábricas de pensamientos, y estos nacen de nuestra experiencia y nuestra naturaleza, y como hijos tuyos, llevan tu sangre en cada acento.


Cambios de última hora (meses) en mi vida: me he pasado el verano estudiando, trabajando, “estudiando”, “trabajando” y además he ido a la playa, he aprendido a cocinar algunas deliciosas shits que os encantarían, incluso he hecho algunos amiguis, y he deshecho algunos otros, lo cual está bien (renovarse o morir), he volado un poco, he aprendido a hablar con distintos acentos, todos ellos muy divertidos y majos, me han regalado un xilófono, me he enamorado (más), he aprendido a poner la lavadora (el lavava lo tengo dominadísimo), a veces hacemos jams con mi xilófono y otros instrumentos infinitamente menos molones, también he ido a la piscina, he pasado mucho tiempo mirando al techo en soledad, he mejorado mi relación con MTV, ácido, arte, besos, viajes, curry, gifs… pero, sobre todo, tengo un xilófono. Y es de colores. Por eso había desaparecido, pero os quiero tanto o más que antes. Estoy subiendo puntos en la escala del molar.

Pic: Iris Schomaker

Dejad de buscar muerte en el silencio.
(Pues no hay más vida que aquella que te hace enmudecer)



Pic: Edgar Degas

Las últimas horas habían transcurrido lenta y dolorosamente, y el llanto había irritado sus mejillas. Su desconsuelo le había envejecido como años, sometiéndola. No sabía si tenía algo que lamentar. No entendía el por qué de tanta angustia. No veía luz al otro lado de esa vida, su vida, malgastada hasta ese instante, de su tedio, y de los miedos ajenos, que corrompían su armoniosa realidad.
Con el corazón encogido, los nervios crispados, y un gesto estremecedor, se había abandonado en ese rincón incomodo, que le atrapaba como arenas movedizas, oprimiendo su pecho, estremeciéndole, ahogándole.  No había un centímetro de su piel que no estuviese ardiendo, y en vista de aquella decadente situación, confiaba en ser capaz de soltar una carcajada, aunque solamente durase un instante. Un deseado instante de alivio. Si lo conseguía, quizá, después, se aclarase la garganta, mirase al techo, e intentase trepar por las paredes de su desesperación y subir hasta un lugar seguro, fuera de sí misma, como siempre.

Pic: Raffi Kalenderian 


Hay cien, o puede que mil puertas esperando ser abiertas si no abro los ojos. Hay más de un millón de colores; se mueven y dejan un rastro a su paso que se mezcla y me confunde, no me deja entender sus formas. Yo estoy tumbada en el suelo y no veo nada, huele a hogar, a especias y a piel, y, solamente, deseo cuidarte. Calculo que pronto seré incapaz de mantener mis ojos cerrados, mi mente en esta ensoñación, y mi respiración tan calmada. Intuyo que, en cualquier momento, los algodones en los que descanso se abrirán y sentiré el frío tacto del mármol, devolviéndome a una realidad, tal vez, menos real que este maravilloso desorden de colores y signos indescriptibles. Y todos sus bellos matices se perderán en un abismo que apenas soy capaz de imaginar. Y yo solo quiero cuidarte. 
Entonces, en un impulso incontrolable, y abriendo mis pulmones de un modo casi desgarrador, mis ojos descubren la luz, y te encuentran, y a medida que mis manos se acercan a ti, y tu voz inunda mi cabeza, todas esas puertas empiezan a carecer de la importancia que antes les había otorgado, y encuentro mi lugar contemplándote, viviendo en tu reflejo, revelando la verdadera esencia, y tiemblo. Ya no hay más calor que el tuyo, ni más aromas, ni más vida. Ya no habrá musa sin ti. Por primera vez, pronuncio tu nombre, y tú me cuidas también. 



Pic: Modigliani
Estoy tratando de reconstruir los hechos que me trajeron aquí para intentar entender, y así, poder explicarte, cómo podemos vivir en un supuesto mismo fin, habiendo recorrido tan distintos caminos. Con esto empiezo a entender el significado de las palabras “encontrarse perdido”, palabras que antes hubiese sido incapaz de encajar en una misma frase. Encontrarse, perdido. Pero a medida que trato de reflexionar sobre cómo, cuándo y por qué, comienzo a perder un imprescindible quién, que me impide avanzar. Ni siquiera puedo seguir. Y, de algún modo, tampoco quiero.
Algo se debió cruzar en mi campo de visión, pues ya no consigo ver lo que tengo frente a mis ojos. Y puede que esto se agrave cuando te tengo  delante.
Una terrible, pesada, y asfixiante pereza envuelve cada una de mis ideas hasta el punto de agotarlas, extinguirlas antes de que llegue, yo misma, a su comprensión. Apenas puedo verlas pasar, veloces, derrumbando mis propios cimientos, sin construir unos nuevos en su lugar, arrasando con todo. De ahí el vacío.
Una vez superado el miedo a esta peligrosa exposición, me encuentro con una apocalíptica simplificación de las emociones que termina por anular muchas de las armas con las que somos dotados para defender lo nuestro. Así, ni hay defensa, ni hay tesoro. Y en caso de que lo hubiese, estaría al alcance de cualquiera. “Cualquiera”. Pero, en el punto en que lo simple no siempre es lo más bello. O, tal vez, no resulta creíble. No sé.
En cualquier caso, por más empeño que pongo en tratar de compartir contigo, o con cualquiera, un poquito de lo que voy viviendo, apenas llego a vivirlo lo suficiente como para sentirlo, y mucho menos para entenderlo, y cada una de los detalles que olvido, y cada una de las palabras que callo, aunque las diga con gestos, caen sobre mí como una lluvia fría, que me enferma, y me debilita. Que me separa del mundo que conocemos, o que deberíamos conocer. Que me distancia de ti, pero sobretodo, de mi misma. Inevitablemente. En apariencia. 
 
Pic: Hokusai


Toda la vida intentando adaptarnos (algunos, pobres, realmente  toda la vida) para, una vez cómodos, o ligeramente relajados comenzar esa búsqueda de uno mismo, que no es otra cosa sino desaprender. Olvidar el dolor, pues no es dolor más que en un ellos, en un suyo, en algo ajeno a ti mismo. Y olvidar el placer, pues este ya no es placer nunca más, una vez nos reinventamos. Aprender a huir para aprender a quedarnos, aprender a arder para saber no quemarnos. Volver a la niñez, y vivir, en un suspiro, lo que, ciertamente, es vivir. Y sentir lo que sentimos. Deshacernos de las ataduras  de una falsa dignidad  y de un ego inventado, buscarnos en la naturaleza de nuestras ideas, y, simplemente, vivir. Permitirnos el capricho de amar, y de no temerlo. Y oprimir la bondad entre nuestras manos egoístas y, en la terquedad de nuestros instintos, volvernos algo más gratos, e incluso amables.
 Pic: Andrew Wyeth



El templo se halla en pequeños rincones del mundo, no necesariamente apartados. Se halla en miradas o en gestos. Se encuentra a una determinada temperatura, en el momento preciso. El templo es oscuro, aunque se inunde de luz, y es frágil, aunque lo cubras con rocas. Existe para que tú puedas vivir, para poderte expresar, para ordenar tus ideas. Para encontrarte a ti mismo, y así, encontrar al resto. El templo es la eterna búsqueda, la felicidad; es la esencia. El templo es un estado de ánimo, es calma, es rabia, es la ausencia de pudor. El templo es osadía, es libertad, es plenitud. El templo eres tú.

Pic: William Copley
Es mi voz de predicador, la voz de locutor de radio. La de cuando no sé de qué hablo pero no quiero que nadie me discuta lo que estoy diciendo. La voz firme y segura. Esa voz. Entonces, miro a vuestros ojos solamente durante un segundo, sin daros tiempo a reaccionar, y ya no vuelvo a fijarme en vosotros hasta que he terminado de hablar, para que no se corten mis palabras, para no temblar. Para seguir teniendo el poder. Ese es el truco: omitiros. Vencer a la ignorancia sin cobardía, con más ignorancia. Hasta que os perdáis.
En esos momentos, no hay nadie tan afortunado en el mundo como yo. Soy como esas mujeres casadas, pero independientes, con hijos y un trabajo. Fieles al canal cocina. Me siento realizado. Me siento capaz. Como un vegetariano. Pero es todo una ilusión. Y luego llega el divorcio, o la carne empieza a ser más atractiva. O la ignorancia se dispersa. O el machismo deja de tener gracia. Y el carisma también. Y muere cierto tipo de humor, se extingue cierta clase de personas, y yo me voy, porque me queman las manos. Porque me aburre.
Photo: Fernando Gimeno


Se acerca y me entrega una libreta.

- Esta es mi Biblia – dice – en ella escondo todos mis dogmas.

Y guarda rápido la mano en el interior de su bolsillo. Y su mirada huye de la mía.  Busca consuelo en el ruido de los coches. Tiene miedo de que abra su libreta antes de llegar a casa y descubra que, en realidad, en ella solo hay un montón de garabatos fruto de la no inspiración, y algunas frases vacías a las que ha intentado dar sentido muchas veces, sin éxito. Está tan próximo a mí que puedo oler su sudor, un sudor que huele a limpio, a jabón. No ha sido provocado por el miedo. Siento que quiere hablar de Él. Y no sé por dónde empezar. Comienzo a entender que el valor de sus actos y palabras reside, precisamente, en ese vacío. Como si la nada llenase el espacio de luz. Es, después de todo, un papel en blanco. Impoluto, virgen… Y en un intento absurdo:

- ¿Crees en Dios? – y mi voz tiembla. Entonces me coge la mano, delicadamente, clava sus ojos en los míos, y con un gesto paternal, con su voz clara y segura sentencia:

- Creo en las pasiones.
Pic: Frida Kahlo


Son nómadas, esto impide la acumulación de posesiones materiales: tienen que viajar y lo hacen con poco equipaje. Se han desvinculado de las cargas referentes a la familia. Lo comparten todo, y su influencia en el grupo es igualitaria. No hay líderes. No hay súbditos. Lo mismo ocurre en lo referente a sus pasiones, las viven libres de adornos y prejuicios. Sin valorar más que sus propias necesidades básicas, lejos del egoísmo que generan las habladurías y las desconfianzas, y el intento por satisfacer a una sociedad de moral dudosa, ambigua.  La única tradición es la naturaleza misma, y unos instintos que no han sido corrompidos por la inseguridad. Entienden el amor en su esencia, y son propensos a vivir de él y para él, de forma desinteresada, serena, saludable, real. Son nómadas, y esto impide la acumulación de rencores y codicia, les impide no vivir.


Lunacy
by Jan Svankmajer




Sara ha rescatado algunas de las fotos que fueron tomadas hace tres años para el lookbook de María Manrique con su colección PORFIA. Increíbles. Ya no recordábamos la magia de sus máscaras.

Pic:  Norbert Schwontkowski

Cada día con él parecen años, como si en cada minuto recorriésemos distancias inimaginables dentro de nosotros mismos. Envejecemos y nos quedamos sin aliento, permanecemos atados a una constante agonía dulce y dolorosa que nos paraliza, nos vacía y nos llena a su antojo, nos golpea desde el interior. Me desgarra y me desorienta, echa abajo mis ideas y me confunde, me vuelvo una desconocida, un por qué. Vuelvo a ser egoísta, irresponsable, temerosa, tímida. Descubro una nueva realidad, demasiado impactante,  oscura, que me deja sin palabras, sin pensamientos, desprotegida y abierta al mundo, sin prejuicios, flexible, como recién nacida. Y mi escaso conocimiento, mi precoz educación, se vuelven en mi contra, me retienen, me invaden violentamente, y mi conciencia se convierte en un patético y particular levítico, una guía del dolor. Finalmente, puedo entrever el deseo grabado en mi piel, a fuego, marcándome sin piedad, volviéndome ganado, un animal, una bestia.  Desbocada, delirante, tuya.
Pasamos días sin salir de la cama, sin romper el silencio, sin respirar. Devorando los minutos que nos quedaban, consumiéndonos. Arañándonos el alma, rascando hasta el último detalle, quemándolo todo. No podíamos pensar en qué pasaría después, ni en qué nos había llevado allí, no importaba nada, queríamos morir, enterrarnos en cada instante de sinceridad, sentir en nuestras extremidades ese hormigueo azulado que te hace abandonarte a la desesperanza, disfrutar de la soga en nuestros cuellos. Me invadía la terrible necesidad de preservar su ternura, de reparar su inocencia, de dejarle marchar, pero mi codicia solo me dejó atraparle entre mis sábanas, rasgarle la piel, dejarme querer, amar.



 Reflexión XLIII:

En la vida, me duele todo menos tú.







Pic: David Hockney
 Pic: Ernst Ludwig Kirchner


Siempre fue un poco viejo para su edad. Su mente avanzaba unos tres pasos por delante de los acontecimientos. Su conciencia estaba magullada, sus palabras gastadas, y, tal vez, era demasiado atrevido. Como alguien que se acerca al final de sus días y no ha de temer las consecuencias, esa clase de atrevimiento. Se había deshecho de la cautela de la inmadurez, de la moderación injustificada, había dejadode medir sus palabras. El día que olvidó que debía ser civilizado, se hizo un poco más humano. Cuando dejó de intentar ser alguien culto, con futuro, se convirtió en un hombre interesante. Lo mismo cuando empezó a ignorar a las mujeres, la suerte se puso a su favor. Así, ya solamente era. No intentaba, no pensaba, no frenaba, era. Sus deseos, calmados, eran más fuertes que nunca, y se abrían a su paso; y él, tan envejecido, y con toda la vida por delante. Tan sabio, tan diferente, jugando con los elementos. Definitivamente, era una imagen grotesca.
neon, pastels & white
"Some outfit inspiration for you lovelies who are enjoying spring right now. Neon, pastels and lots of white..."

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http://fellt.com/studdedhearts/2012/04/neon-pastels-white







Sus necesidades se convirtieron en las mías, y sus manías en mi guía de conducta. Cuidaba al mínimo los detalles, cuidaba de ella con todas mis fuerzas, con mi mejor intención. Atendía sus caprichos, los cuales nunca consideré egoístas, sino fruto de su incontrolable pasión, de sus salvajes sentimientos. Ella no era culpable de que su ternura me hubiese atrapado hasta las entrañas, pero se disculpaba cada mañana cuando se despertaba a mi lado.
- Si algún día decides marcharte, lo entenderé. – decía antes de quedarse dormida.
Pero yo solo aspiraba a protegerla de sí misma, de sus miedos. Y si por el camino me perdía en su miseria, si sus pesadillas se hacían mías, jamás se lo reprocharía.
Por otro lado, me había acostumbrado a vivir con la intensidad que ella me proporcionaba, y estaba convencido de que la vida me resultaría insípida desde otra perspectiva, así que me negaba a renunciar a esta tormentosa rutina por algo de estabilidad. Me negaba a desertar de la vida. 


Pic: Karl Hofer 
Pic: Hokusai 

Cada vez hablaba menos, y, cuando lo hacía, entrecortaba sus frases eligiendo cuidadosamente las palabras. Muchas veces, se sentía defraudada con su elección, y se quedaba unos minutos mirando a cualquier parte, contemplando el vacío, pensativa. Yo sabía que estaba sufriendo, que no era capaz de proporcionarle el silencio que ella necesitaba, y ante aquella punzante tensión siempre optaba por abrazarla. Ella se sentía cómoda a mi lado, pero ambos éramos conscientes de que mi trato no podía ser más decepcionante. No sabía cuando tiempo podríamos soportar ese abismo que anidaba entre nosotros desde hacía meses. Ahora, puedo ver que ella siempre lo tuvo claro. Estaba muy lejos de mí cuando intenté decidirme a olvidarla. Estaba muy lejos de todo. Y en la cima inalcanzable de su soledad yacía su alma, meditabunda, abstraída, buscándose a sí misma, y huyendo de sus más oscuros deseos.

Pic: Gauguin
Si no supiese que eres un hombre de obligaciones, cargado de manías, adicto al compromiso, te invitaría esta noche a dormir conmigo. Jamás a conocernos, ni a desayunar, solamente a morir a mi lado, sin rozarme, ni mirarme. Solo a estar.