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Pic:  Norbert Schwontkowski

Cada día con él parecen años, como si en cada minuto recorriésemos distancias inimaginables dentro de nosotros mismos. Envejecemos y nos quedamos sin aliento, permanecemos atados a una constante agonía dulce y dolorosa que nos paraliza, nos vacía y nos llena a su antojo, nos golpea desde el interior. Me desgarra y me desorienta, echa abajo mis ideas y me confunde, me vuelvo una desconocida, un por qué. Vuelvo a ser egoísta, irresponsable, temerosa, tímida. Descubro una nueva realidad, demasiado impactante,  oscura, que me deja sin palabras, sin pensamientos, desprotegida y abierta al mundo, sin prejuicios, flexible, como recién nacida. Y mi escaso conocimiento, mi precoz educación, se vuelven en mi contra, me retienen, me invaden violentamente, y mi conciencia se convierte en un patético y particular levítico, una guía del dolor. Finalmente, puedo entrever el deseo grabado en mi piel, a fuego, marcándome sin piedad, volviéndome ganado, un animal, una bestia.  Desbocada, delirante, tuya.
Pasamos días sin salir de la cama, sin romper el silencio, sin respirar. Devorando los minutos que nos quedaban, consumiéndonos. Arañándonos el alma, rascando hasta el último detalle, quemándolo todo. No podíamos pensar en qué pasaría después, ni en qué nos había llevado allí, no importaba nada, queríamos morir, enterrarnos en cada instante de sinceridad, sentir en nuestras extremidades ese hormigueo azulado que te hace abandonarte a la desesperanza, disfrutar de la soga en nuestros cuellos. Me invadía la terrible necesidad de preservar su ternura, de reparar su inocencia, de dejarle marchar, pero mi codicia solo me dejó atraparle entre mis sábanas, rasgarle la piel, dejarme querer, amar.



 Reflexión XLIII:

En la vida, me duele todo menos tú.







Pic: David Hockney
 Pic: Ernst Ludwig Kirchner


Siempre fue un poco viejo para su edad. Su mente avanzaba unos tres pasos por delante de los acontecimientos. Su conciencia estaba magullada, sus palabras gastadas, y, tal vez, era demasiado atrevido. Como alguien que se acerca al final de sus días y no ha de temer las consecuencias, esa clase de atrevimiento. Se había deshecho de la cautela de la inmadurez, de la moderación injustificada, había dejadode medir sus palabras. El día que olvidó que debía ser civilizado, se hizo un poco más humano. Cuando dejó de intentar ser alguien culto, con futuro, se convirtió en un hombre interesante. Lo mismo cuando empezó a ignorar a las mujeres, la suerte se puso a su favor. Así, ya solamente era. No intentaba, no pensaba, no frenaba, era. Sus deseos, calmados, eran más fuertes que nunca, y se abrían a su paso; y él, tan envejecido, y con toda la vida por delante. Tan sabio, tan diferente, jugando con los elementos. Definitivamente, era una imagen grotesca.
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Sus necesidades se convirtieron en las mías, y sus manías en mi guía de conducta. Cuidaba al mínimo los detalles, cuidaba de ella con todas mis fuerzas, con mi mejor intención. Atendía sus caprichos, los cuales nunca consideré egoístas, sino fruto de su incontrolable pasión, de sus salvajes sentimientos. Ella no era culpable de que su ternura me hubiese atrapado hasta las entrañas, pero se disculpaba cada mañana cuando se despertaba a mi lado.
- Si algún día decides marcharte, lo entenderé. – decía antes de quedarse dormida.
Pero yo solo aspiraba a protegerla de sí misma, de sus miedos. Y si por el camino me perdía en su miseria, si sus pesadillas se hacían mías, jamás se lo reprocharía.
Por otro lado, me había acostumbrado a vivir con la intensidad que ella me proporcionaba, y estaba convencido de que la vida me resultaría insípida desde otra perspectiva, así que me negaba a renunciar a esta tormentosa rutina por algo de estabilidad. Me negaba a desertar de la vida. 


Pic: Karl Hofer 
Pic: Hokusai 

Cada vez hablaba menos, y, cuando lo hacía, entrecortaba sus frases eligiendo cuidadosamente las palabras. Muchas veces, se sentía defraudada con su elección, y se quedaba unos minutos mirando a cualquier parte, contemplando el vacío, pensativa. Yo sabía que estaba sufriendo, que no era capaz de proporcionarle el silencio que ella necesitaba, y ante aquella punzante tensión siempre optaba por abrazarla. Ella se sentía cómoda a mi lado, pero ambos éramos conscientes de que mi trato no podía ser más decepcionante. No sabía cuando tiempo podríamos soportar ese abismo que anidaba entre nosotros desde hacía meses. Ahora, puedo ver que ella siempre lo tuvo claro. Estaba muy lejos de mí cuando intenté decidirme a olvidarla. Estaba muy lejos de todo. Y en la cima inalcanzable de su soledad yacía su alma, meditabunda, abstraída, buscándose a sí misma, y huyendo de sus más oscuros deseos.

Pic: Gauguin
Si no supiese que eres un hombre de obligaciones, cargado de manías, adicto al compromiso, te invitaría esta noche a dormir conmigo. Jamás a conocernos, ni a desayunar, solamente a morir a mi lado, sin rozarme, ni mirarme. Solo a estar.

Pic: Kate Shaw


Sé que puedo vivir sin ti, y estar bien. Que no te necesito, y que no lloraría si te perdiese. Sé que pienso en ti constantemente, que me gustas, que contigo puedo ser un animal. Que mis instintos nos guían, y mi corazón está a punto de estallar, que quiere volar, y está haciendo una grieta en mi pecho, preparando su huida para el día en que te vea, otra vez. Me liberas de nudos e inseguridades, y tengo miedo de perder la libertad que tú me das. Quiero que te quedes para siempre, que no muevas ni un dedo, que sigas dándome paz. Y seguir siendo tus noches, y algún día, tus mañanas, y caminar a tu lado, desde otro rincón del mundo, como hasta ahora. Si te vas, solamente podré sentirme agradecida, y sabré que nada me hará más feliz que haberte conocido.
1966
Inspiración



Lapis - James Whitney
90's girl

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Es la primera vez que sueño con alguien de esa manera, es la primera vez que mi cuerpo me pide, realmente, no ver a nadie más, fuera de prejuicios o inseguridades; es la primera vez que solo importan nuestros momentos, que necesitar no significa echar de menos, y querer no tiene un lado malo; es la primera vez que no necesito saber más, que no tenemos que hablar, que nos conocemos a través de nuestras manos; es la primera vez que apareces sin ser buscado, ni deseado, pero llegas para quedarte; es la primera vez que sales de la nada, que no hay que fingir, ni dar de más o de menos; que no medimos las palabras, que no escondemos los gestos. Que puedo decir todo esto, por primera vez, sin temor a herir a nadie y sin miedo a ti, ni a mí.

Pic: Elisa Johns

Pic: Tsuguharu Foujita


No me apetece ver a nadie, no quiero hablar con nadie, solo quiero hundirme en esta atractiva decadencia, y proporcionarme placer a mí misma, un placer cercano a la muerte, un placer superficial y frívolo. No quiero ver la luz, quiero caer en las tinieblas de mi soledad, de esta terrible demencia, a la que tanto aprecio. No quiero aprender de nadie, ni de mi misma, no quiero crecer, no quiero saber, no quiero creer, ni tener fe. Solamente dejaré entrar algo desgarrador, que me atormente, algo que me aturda y me haga ser aún más yo, más nadie. Algo que me vacíe, me eleve y me haga chocar contra las rocas. No me apetece ver a nadie, no voy a hablar con nadie, no voy a explicar nada, me dejaré envolver por estas suaves sábanas y este acogedor humo que todo lo inunda, y dejaré que el final entre despacio por la ventana.


Greenhouse
by Magenta Tarrega

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Pic: Wes Lang

Tú me calmas. Me enciendes calmada, dejas mi mente en blanco, me llenas de bienestar. Me quitas los nervios, me haces feliz, me evitas pensar. Me vuelves serena, me cubres de paz. Tú me calmas, me enciendes, me llenas, tú, nada más.